La migración ancestral de las tortugas marinas hacia las costas de Panamá

Ciudad de Panamá, 16 de junio, 2026. Las tortugas marinas poseen una memoria biológica asombrosa, ya que regresan fielmente a las playas donde nacieron para iniciar un nuevo ciclo de vida. En Panamá, este espectáculo natural se repite desde hace millones de años, consagrando al istmo como un refugio crucial, para la biodiversidad marina.

Playas como Isla Cañas y La Marinera en Los Santos, Armila en la comarca Guna Yala, Punta Chame en Panamá Oeste, y La Barqueta y Lajas en Chiriquí componen este mapa estratégico de anidación. Entre julio a diciembre, miles de hembras emergen del mar durante la noche para depositar más de un centenar de huevos por nido en un proceso silencioso y vital, principalmente en las playas donde ocurre el fenómeno de arribada como el Refugio de Vida Silvestre de Isla Cañas y Playa La Marinera.

El país es frecuentado por cinco especies: la tortuga lora o golfina (Lepidochelys olivacea), la carey (Eretmochelys imbricata), la baula o canal (Dermochelys coriacea), la caguama (Caretta caretta) y la verde o prieta (Chelonia mydas). Todas están catalogadas en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y protegidas por convenciones internacionales como la CIT y CITES.

Digna Barsallo, directora nacional de Costas y Mares del Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), habló  del valor ecológico de los litorales panameños. “Panamá tiene una enorme responsabilidad en la conservación de estos reptiles, ya que nuestras playas albergan rutas y sitios clave de anidación. Proteger estos espacios es cuidar la salud de nuestros océanos”, señaló.

El desafío de supervivencia es monumental, pues solo una de cada mil crías logra llegar a la edad adulta. Al salir de la arena, las pequeñas tortugas enfrentan depredadores, contaminación marina, cambios en su hábitat y luces artificiales que alteran su orientación hacia el mar. Su rol ecológico es irreemplazable: mantienen la salud de los pastos marinos, regulan las poblaciones de medusas y equilibran los arrecifes de coral, ecosistemas directamente vinculados con la pesca artesanal.

En el marco legal, Barsallo recordó que Panamá cuenta con la Ley 371 del 1 de marzo de 2023, la cual sanciona severamente el comercio y tráfico ilegal de tortugas, huevos o derivados. “La conservación también depende de la participación ciudadana. Evitar el consumo, respetar las playas y denunciar los delitos ambientales marca una diferencia real”, puntualizó.

MiAMBIENTE reitera el llamado a la población a no consumir carne ni huevos de tortuga, ni adquirir artesanías de carey. Las denuncias sobre actividades ilegales que atenten contra la fauna silvestre pueden realizarse de forma anónima a través de la línea 311 o en las redes sociales de la institución (@miambientepma).

 

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