Conservación del jaguar gana terreno entre productores y comunidades de Chiriquí
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- El cambio de percepción sobre los grandes felinos, el uso de cámaras trampa y una creciente participación comunitaria fortalecen los esfuerzos de conservación.
Chiriquí, 25 de septiembre de 2026. La presencia de un jaguar o un puma dentro de una finca ya no provoca la misma reacción que hace décadas. En distintas comunidades rurales de Chiriquí, productores y residentes comienzan a reconocer a estos grandes felinos no solo como parte de la riqueza natural del país, sino también como especies cuya conservación puede generar oportunidades para el turismo, la investigación científica y el desarrollo sostenible.
Este cambio de percepción fue un hallazgo de la reunión de actualización del Plan de Conservación del Jaguar que impulsa el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE). El evento propició un intercambio de ideas entre productores, especialistas, rescatistas de fauna, inversionistas del sector financiero y defensores de la vida silvestre.
Para muchos productores, la protección de la fauna forma parte de una tradición familiar que ha trascendido generaciones. “Nosotros somos productores de fincas muy grandes, pero más del 50% de nuestras fincas son bosque, precisamente para preservar los animales que habitan ahí”, relató la productora de café Jessi Hartmann.
Según explicó, la transformación también es visible entre los trabajadores de las fincas, donde prácticas como la cacería son cada vez menos frecuentes. “Hasta los mismos empleados han cambiado; ya no cazan”, afirmó.
Cámaras trampa revelan la biodiversidad oculta
Parte de este cambio ha sido impulsado por el acceso a información científica y tecnológica. Las cámaras trampa han documentado la presencia de especies que durante años permanecieron invisibles para quienes habitan estas zonas.
En sectores donde antes predominaba la actividad ganadera y en los que se incorporaron cultivos de café junto con áreas de bosque, los equipos de monitoreo han registrado el desplazamiento de diversas especies silvestres.
El monitoreo mediante cámaras trampa forma parte de los esfuerzos que desarrolla el Ministerio de Ambiente para estudiar jaguares y otros mamíferos. En el sector Pacífico del Parque Internacional La Amistad, esta tecnología ha permitido registrar la presencia de jaguares, pumas y otras especies de importancia ecológica.
Fortuna: una convivencia posible
En la comunidad de Fortuna, la disponibilidad de información fortaleció la convivencia con los grandes felinos. Carlos Espinosa, residente y trabajador de la zona, destacó que cada vez más personas comprenden la importancia de preservar estas especies. “Tenemos personas dentro de la comunidad que ya saben que el jaguar hay que preservarlo. Ese es un punto muy importante”, señaló.
Aunque en el área se han registrado avistamientos de pumas y jaguares, los casos de depredación de ganado reportados por los habitantes han sido limitados y ocurrieron hace varios años. Una posible explicación, según Espinosa, es la disponibilidad de presas naturales que permiten a estos depredadores encontrar alimento sin acercarse al ganado. “Hay buenas presas; la comida del jaguar y del puma está ahí”, indicó.
Además de su importancia biológica, el jaguar es considerado un indicador de la salud de los ecosistemas. “El jaguar es el rey de la cadena. Es un indicador de que todo el sistema está bien. Si él falla, todo falla”, agregó.
Las autoridades ambientales advierten que la pérdida y fragmentación del hábitat, la reducción de las poblaciones de presas y las presiones derivadas de las actividades humanas continúan entre las principales amenazas para la supervivencia de la especie.
Carreteras una amenaza por atender
Pese a los avances registrados, los riesgos persisten. Durante el intercambio, uno de los temas más recurrentes fue la fragmentación del hábitat provocada por carreteras que atraviesan áreas utilizadas por la fauna silvestre. Los participantes identificaron puntos críticos en sectores como Fortuna, Gualaca y la vía hacia Boquete, donde se reportan con frecuencia animales atropellados.
La situación plantea la necesidad de identificar corredores de movilidad, fortalecer la señalización vial y evaluar la implementación de pasos de fauna que permitan el cruce seguro de los animales.
Panamá ya cuenta con experiencias de este tipo, sustentadas en información obtenida mediante cámaras trampa para determinar patrones de movimiento y diseñar medidas de mitigación en proyectos carreteros.
Producción y conservación pueden avanzar juntas
Otro de los mensajes que emergió del encuentro fue que la producción agropecuaria y la conservación ambiental no son necesariamente actividades excluyentes.
Diversos productores señalaron que mantienen áreas boscosas dentro de sus propiedades y reciben a estudiantes, investigadores y visitantes interesados en conocer tanto los sistemas productivos como la biodiversidad en las fincas.
Esta realidad abre oportunidades para impulsar el turismo científico y de naturaleza. “Tenemos muchos extranjeros que vienen por el café y por la experiencia de recorrer un sendero o saber que por aquí pasó un jaguar o un tapir. Ellos pagan por esa experiencia”, comentó una productora.
Las oportunidades incluyen observación de aves, interpretación ambiental, identificación de huellas y exhibición de registros obtenidos mediante cámaras trampa. No obstante, los participantes reconocieron que existen conflictos en áreas donde las actividades productivas se desarrollan cerca del hábitat de los grandes felinos.
Desde el sector financiero agropecuario se planteó la necesidad de fortalecer mecanismos de apoyo, como seguros y otras herramientas que permitan compensar eventuales pérdidas de ganado, especialmente entre pequeños productores.
La educación como herramienta de conservación
Para quienes trabajan directamente con fauna silvestre, la educación sigue. La veterinaria Mercedes Evans, quien colabora de manera voluntaria en la atención y rehabilitación de animales silvestres rescatados, aseguró que ha observado una evolución positiva en la actitud de la población hacia la fauna. “Hace ocho años que estoy en esto y la mentalidad de la gente sí ha evolucionado hacia mayores cuidados y respeto”, expresó.
Según recordó, antes era más frecuente que algunos animales fueran sacrificados. Hoy, cada vez más personas buscan ayuda especializada e incluso trasladan ejemplares heridos con la esperanza de que puedan recuperarse. También destacó la necesidad de fortalecer los centros de rescate y los santuarios especializados, capaces de brindar atención adecuada a los animales silvestres que requieren rehabilitación.
Un nuevo censo ampliará el monitoreo hacia el occidente
Los participantes coincidieron en que la investigación científica y la divulgación de sus resultados deben fortalecerse para que la información llegue de manera clara y accesible a productores, estudiantes y comunidades que conviven con estas especies.
La primera fase del Censo Nacional del Jaguar y Mamíferos Terrestres estimó la existencia de alrededor de 270 jaguares en el 38% del territorio nacional evaluado, abarcando aproximadamente 2,87 millones de hectáreas en el oriente panameño. El estudio incluyó más de 30 expediciones, 794 cámaras trampa y el análisis de 87.644 registros de fauna.
Actualmente, el proyecto GEF-7 Jaguares Panamá prepara la segunda fase del censo, programada para 2027, que ampliará el monitoreo hacia el occidente del país. De acuerdo con Ricardo Moreno, presidente de la Fundación Yaguará Panamá, los trabajos incluirán áreas del Parque Internacional La Amistad y del Parque Nacional Volcán Barú. El objetivo es ampliar el conocimiento sobre la distribución del jaguar, sus corredores biológicos y los puntos de interacción con las actividades humanas para reducir conflictos y fortalecer las estrategias de conservación.
La conservación del jaguar en Chiriquí muestra señales alentadoras gracias a una mayor conciencia ciudadana, el apoyo de productores y el aporte de la investigación científica. Sin embargo, especialistas y comunidades coinciden en que garantizar la supervivencia de la especie requerirá mantener los esfuerzos de educación ambiental, proteger los corredores biológicos y promover mecanismos que permitan una convivencia sostenible entre la producción y la vida silvestre.








