Discurso del ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro: entrega del Informe Final sobre el sitio minero Cobre Panamá al Presidente de la República por la Comisión Interministerial.

Señor Presidente de la República.

Señores ministros.

Señoras y señores.

La mina de Donoso jamás se debió haber construido. Panamá no estaba preparada. Las cosas no se hicieron bien. En ese momento jamás se debió haber permitido la mina. Esa fue siempre y sigue siendo mi opinión.

Por este Palacio pasaron todos los responsables: ministros y Presidentes. Hoy ellos están cómodamente anuentes y callados. Hoy ellos pasan agachados. Hoy ellos no dan la cara. A los inconformes de siempre: ¡reclámenle a ellos!

La mina no es ni suya ni mía Señor Presidente. No se engañen: la mina no es de Mulino ni de Navarro. Nosotros heredamos este problema. Y hoy lo estamos enfrentando, como tantos otros que heredamos. Los enfrentaremos con valentía, como lo ha pedido usted señor Presidente, de frente. Porque nosotros si damos la cara. Por eso agradezco y me hago de sus palabras, ministros Moltó y Chapman.

Y es que hoy el hueco ya está ahí. El daño ya está hecho.

Peor aún, la mina nunca se cerró de manera ordenada. Todo lo contrario, se suspendieron todas sus actividades y operaciones de un día para otro, a lo loco, de manera anárquica e irresponsable.

Suspender sus operaciones de la noche a la mañana no es cerrar una mina.

Hacer la mina mal hecha, con contratos inconstitucionales, sin consulta y sin transparencia, como se hizo desde un principio y después suspender sus operaciones a lo loco, como se hizo hace 3 años en vez de un cierre ordenado, con su respectivo Plan de Preservación y Gestión Segura (PGS)  causó un gran riesgo ambiental y una enorme desconfianza ciudadana.

Y es que una mina de miles de hectáreas de extensión, una de las más grandes del mundo, no se cierra como quien apaga la luz:

Hay un sin número de factores ambientales que hay que supervisar, monitorear y atender.

Hay una instalación de manejo de relaves que requiere vigilancia todos los días.

Hay lixiviados y agua de contacto que hay que tratar.

Hay estabilidad física que debe ser monitoreada de cerca.

A Dios gracias, por decisión del actual gobierno, hoy finalmente ya está vigente y en efecto un Plan de Preservación y Gestión Segura (PGS). 164 instrumentos activos vigilan esa instalación. Casi 32 millones de toneladas de roca molida ya extraída estaba en el patio, ya se está moliendo y procesando para disminuir el riesgo por lixiviados. Lo que no hay es ni minería de roca nueva ni minería de nuevo mineral adicional: se está procesando lo que ya estaba ahí para evitar mayores daños ambientales. Se está manteniendo el sitio seguro. Se está preservando y supervisando lo que heredamos.

Señor Presidente, colegas ministros, señoras y señores:

Se acabó el tiempo. Hoy tenemos que decidir. Tenemos que enfrentar este reto. Tenemos que definir el futuro de la mina. Gobernar es decidir.

Lo que está prohibido es NO HACER NADA. Lo que no se permite es posponer las decisiones difíciles que afectan el futuro del país. Lo que no se acepta es dejar el hueco ahí, a lo loco, sin decisión alguna, como nos lo entregaron y como lo heredamos.

La mina no puede seguir ahí tirada, sin un plan de cierre ordenado —sin nadie obligado a rehabilitarla; sin un fondo de cierre ordenado; sin un ordenamiento claro; y sin plazos. El riesgo ambiental sigue ahí. Y pesa más sobre las comunidades que viven al lado, esas comunidades que muy pocos escuchan aquí en la capital.

Hablemos claro: usted señor Presidente, hizo lo correcto. Su gobierno hizo lo correcto. El Estado panameño hizo lo correcto, y hay que decirlo:

Por recomendación de expertos internacionales, ordenamos una auditoría integral, totalmente independiente, profesional e imparcial, de la mina de Donoso. La contrató el Gobierno, no la empresa minera. Se ha procedido con prudencia, sin apuros ni exabruptos. Consultando, para no equivocarnos. Con paso firme, para avanzar en firme. Sin pausa, pero sin prisa. Y lo más importante: todo el proceso y sus resultados han sido absolutamente públicos y transparentes.

Se contrató para ese audito a la empresa SGS, certificadora internacional experta en audito de minería, fundada en Ginebra, Suiza en 1878 hace 145 años con presencia de 99,500 profesionales, trabajo documentado y resultados en más de 2,500 oficinas y laboratorios que operan en más de 115 países.

La empresa trajo a Panamá a expertos certificadores internacionales en minería y medio ambiente. Las verificaciones e investigaciones del audito se llevaron a cabo de forma minuciosa, tanto de forma documental como verificándose in situ. En escritorio y en campo, midiendo y evaluando todos los compromisos, y su cumplimiento tanto técnicos como ambientales y sociales, además de otros aspectos clave para entender en su complejidad integral, la operación previa y el estado actual de la mina.

Y con toda transparencia se publicaron para acceso libre de todo ciudadano interesado los 15 tomos y 21 anexos de dicho audito en el sitio web del Ministerio de Ambiente, cumpliendo al pie de la letra la Ley 125 de 2020, que adopta el Acuerdo de Escazú.

El resultado del audito internacional se resume en 3 cifras:

  1. Se midieron 370 compromisos.
  2. Sólo 9 de los 370 compromisos presentan algún nivel de incumplimiento, por lo que se cumplió con el 97.5%.
  3. Cuando se ponderan, es decir, se considera la importancia de cada criterio, la auditora internacional estableció que Minera Panamá cumplía de manera integral con el 87.73% de los compromisos, siendo esta la visión y el juicio más exigente.

De los compromisos por cumplir, 4 están en no conformidad, todos en el frente de la reforestación.

Señor Presidente, señores ministros, señores todos: esos 4 incumplimientos no los podemos ni ignorar ni minimizar.

Requieren un plan de subsanación con metas, plazos y verificación externa. Y le pido hoy a usted Señor Presidente que lo instruya, que lo exija y que la empresa siembre hasta el último árbol que se comprometió. Y que se cumpla hasta el último compromiso ambiental. Públicamente.

Importante: hay algo más que este informe incorpora y que conviene que el país sepa: ese ejercicio de auditoría fue revisado, de manera independiente, por otro equipo técnico internacional de alto nivel. Esa revisión adicional la contrató otra institución de este mismo Estado – -el Ministerio de Comercio e Industrias, entidad rectora de la minería- – mediante un convenio de cooperación refrendado por la Contraloría General de la República, sin costo alguno para la Nación. Sus 6 informes de avance validaron la metodología de la auditoría integral original realizada por SGS.

Es decir: no hubo solo un análisis del expediente de la mina. Hubo dos, independientes entre sí, y la metodología resistió ambos análisis: tanto el audito integral de SGS como este segundo análisis técnico y científico independiente.

Pero tengo que hacer énfasis en el hallazgo más incómodo de este informe, y me toca a mí porque está en el área ambiental.

La auditoría, por sí sola, no legitima todo lo hecho antes del actual gobierno, lo que hemos heredado: años de discusiones, años de decisiones arbitrarias, años de abusos de espaldas a la gente, sin hacer transparente la forma en que se tomaban las decisiones, han destruido la confianza institucional del país. Por eso celebro que, en su administración Señor Presidente, usted haya tomado la decisión de ir comunicando cada paso que se da con total transparencia: cada paso que ha dado su equipo para proteger el futuro y el interés de nuestra nación ha sido público.

El cuestionamiento de algunos ciudadanos hacia los datos de la auditoría me dice que, aunque hicimos lo técnicamente correcto, tenemos que seguir haciendo más. La conclusión es que la evidencia científica necesita un vehículo de credibilidad ciudadana para reconstruir la confianza de la ciudadanía hacia su Estado. Y ese vehículo no es repetir la cifra de cumplimiento.

Ese vehículo es el agua, y son las manos que la miden.

El pasado veinticuatro de agosto lanzamos en el Río Botija el Programa de Monitoreo Participativo Comunitario. Son los propios vecinos tomando las muestras, con metodología verificable, cadena de custodia y resultados públicos. Estuve ahí. Y le digo lo que vi ese día: una señora de la comunidad tomando ella misma las muestras con los técnicos y dándoles el nombre exacto del sitio.

Eso no sale en ninguna tabla de cumplimiento. Pero es lo único que convierte un dato en confianza. Le pedimos formalizarlo y extenderlo, Señor Presidente, para que haya una total participación y acompañamiento de las comunidades, de los técnicos, de los ambientalistas, de los científicos y de la sociedad civil en todos los aspectos ambientales de la mina, una verdadera y total transparencia que reconstruya la confianza entre todos nosotros, gobernantes y gobernados, en materia ambiental.

En conclusión, en el ámbito de las responsabilidades de MiAmbiente, señor Presidente, le solicitamos y recomendamos cinco cosas específicas:

Primero: que se presente, analice y adopte formalmente un Plan de Cierre Ordenado de la mina de Donoso y se establezca un Fondo de Cierre específico para ese plan que garantice su debido cumplimiento.

Segundo: que se dé máxima prioridad a los aspectos ambientales dentro de ese Plan de Cierre Ordenado, incluyendo la disminución sustancial de la huella original del proyecto; la total restauración ambiental —verificable y progresiva, no al final— de todas las áreas impactadas; la amplia y permanente participación y veeduría ciudadana; la supervisión ambiental pública y permanente por un panel de expertos internacionales; y el cumplimiento de los más altos estándares ambientales del mundo, con resultados científicamente verificables, públicos y comprobables;

Tercero: que el Plan de Cierre Ordenado tenga una fecha final y definitiva. Una sola fecha final, de cumpleaños, para poner fin a este capítulo y cerrarlo para siempre.

Cuarto: que la condición de cierre seguro la confirme una revisión técnica, científica y ambiental independiente, conforme al más alto estándar internacional de la materia, como requisito de la entrega final del sitio. Que el cierre lo certifiquen los expertos y, finalmente.

Quinto: lo que quiero pedirle mirándolo a los ojos Señor Presidente. Establecer de inmediato un nuevo fideicomiso ambiental de clase mundial, con gobernanza ejemplar, que convierta a la mina de su actual estatus de ser un problema ambiental grave a ser parte de la solución de los problemas ambientales del país. Le proponemos que una parte significativa de los ingresos que el Estado perciba a futuro de este sitio —$100 millones de dólares anuales— sean asignados de manera inclaudicable, permanente y automática a un fondo liderado y operado por el Ministerio de Ambiente. Este fondo tendría un patrimonio permanente y debe invertir anualmente sus réditos en cinco prioridades:

  1. Garantizar la protección de nuestra biodiversidad y la conservación y cuidado de nuestros parques nacionales y reservas naturales, cuidando sus límites, equipando y entrenando a sus guardaparques, capacitando a guías eco turísticos, estableciendo miradores, senderos y áreas de uso público que generen ecoturismo y empleo para miles de pobladores de sus comunidades vecinas.
  2. Promover masivamente la reforestación y restauración de ecosistemas degradados, sembrando millones de árboles nativos todos los años y empleando a miles de panameños en viveros comunitarios y acciones de reforestación.
  3. Estableciendo Pagos por Servicios Ambientales (PSA), basado en los que ya se han desarrollado con éxito en Costa Rica y en otros países —y aquí mismo experimentalmente en la cuenca del canal de Panamá— para pagarle anualmente a miles y miles de pequeños campesinos y ganaderos por cada hectárea de bosque nativo que dejen en sus fincas o que reforesten con especies nativas.
  4. Creando nuevas Brigadas Voluntarias Ambientales Panama Verde y apoyándolas masivamente a nivel nacional, respaldando y capacitando a jóvenes, a estudiantes, a graduandos, a estudiantes universitarios, así como a integrantes de Organizaciones de Base Comunitarias OBCs, los grupos ambientales ONGs, cooperativas, autoridades locales y grupos voluntarios de ciudadanos que lideren, participen y colaboren en acciones ambientales directas para mejorar el ambiente a nivel nacional; y
  5. Financiando un programa de becas públicas abiertas a todos nuestros jóvenes a nivel nacional, para formar a miles de nuevos científicos y técnicos ambientales panameños en las mejores universidades del mundo, creando toda una nueva generación de panameños capacitados en estudiar, cuidar, valorar y potenciar el ambiente.
  6. Protegiendo los ríos y quebradas del país con inversiones en cuidar sus cuencas, defender sus bosques, tratar las aguas servidas, restaurar y recuperar nuestras fuentes de agua para invertir en programas de desarrollo sostenible en nuestras comunidades, esas que contribuyen a cuidar nuestras fuentes de agua.

Que la mina pase de ser la causa de un problema ambiental, a ser una solución ambiental, motor y garantía para el cuidado del ambiente y la biodiversidad del país.

Con la participación de miles de panameños que ahora tendrán empleos verdes. Viveristas y colectores de semilla nativa.

Reforestadores. Brigadistas de restauración. Monitores ambientales comunitarios. Científicos. Investigadores. Guardaparques. Técnicos de laboratorio. Guías de naturaleza. Oficios para las comunidades locales, trabajos que son locales por naturaleza, porque el bosque está allí y no se puede trasladar.

El circuito se cierra solo: la renta del subsuelo producida por un cierre ordenado, financiará el cuidado del bosque; el bosque se cuidaría con mano de obra de la propia comunidad; ese ingreso circularía en la economía local; y la comunidad que vive del bosque conservado se vuelve la primera interesada en cuidarlo. La protección deja de ser una obligación impuesta desde afuera y pasa a ser el sustento de quien está adentro.

El día de hoy enfrentamos el reto de ríos llenos de basura, deforestación, cacería furtiva, minería ilegal, con nuestras especies nativas de flora y fauna agredidas constantemente por la destrucción absurda, inconsciente y criminal. No nos enorgullece decir esto, pero es una realidad a la vista de todos.

Pero hoy tenemos frente a nosotros la oportunidad histórica de convertir a Panamá en un país verde, con conciencia ambiental, cuyas nuevas generaciones estén comprometidas con el cuidado de nuestras riquezas naturales, con la calidad de vida y la prosperidad permanente que genera un desarrollo verdaderamente sostenible.

Señor Presidente, hoy le recomendamos actual y decidir. Ya. Hoy. Con decisión y voluntad.

La peor opción ambiental para Panamá es no hacer nada. Hoy proponemos actuar de frente y con valentía, con un Plan de Cierre Ordenado que convierta un problema en una gran oportunidad.

Que las regalías de un recurso que se agota, garanticen de ahora en adelante a este país el cuidado de su patrimonio natural de forma permanente, para siempre, para que nunca se agote.

Hay países que ya lo hicieron. Este es el momento de decidir si nosotros también lo queremos hacer. Depende de nosotros.  Depende de todos los panameños. Depende de nuestra voluntad.

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