Equipo técnico de MiAMBIENTE revisa datos y mapas para estimar la degradación de tierras en Panamá

 

El Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE) desarrolló, del 2 al 5 de marzo de 2026, el Taller Participativo para la estimación del indicador ODS 15.3.1, que mide la proporción de tierras degradadas en comparación con la superficie total del país. Este indicador constituye la métrica principal para el seguimiento de la Neutralidad en la Degradación de la Tierra (NDT) y del Objetivo Estratégico 1 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), orientado a mejorar el estado de los ecosistemas afectados, combatir la desertificación y promover la gestión sostenible de la tierra. La actividad forma parte del proceso de preparación del informe nacional que Panamá presentará mediante el sistema de evaluación y desempeño de la plataforma PRAIS.

El taller reunió a aproximadamente 25 técnicos de MiAMBIENTE, de las regionales y del nivel central. Esta participación permitió integrar el conocimiento territorial, desde las cuencas hidrográficas hasta los paisajes productivos, procurando que los datos reflejen la diversidad ecológica y social de Panamá y promoviendo la coherencia entre las políticas nacionales y las obligaciones internacionales.

La actividad contó con el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el marco del Proyecto Piloto del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF-8) de actividades habilitantes para la presentación de informes nacionales. El taller fue conducido por el experto internacional de FAO, César García, quien acompañó el proceso metodológico de estimación y validación de los datos junto al equipo técnico nacional.

Karima Lince, directora nacional de Seguridad Hídrica de MiAMBIENTE, explicó que, como Estado Parte de la CNULD y país alineado con la Agenda 2030, Panamá reporta cada cuatro años sus resultados en materia de degradación de tierras y sequía. El indicador ODS 15.3.1 calcula la proporción de tierras degradadas en relación con la superficie total del territorio y contribuye directamente al Objetivo Estratégico 1 de la Convención.

La información se presenta mediante PRAIS, plataforma oficial de Naciones Unidas que permite a los países reportar de manera estandarizada datos sobre degradación de tierras, sequía y restauración.

El taller se desarrolló en cuatro jornadas, durante las cuales los equipos especializados trabajaron en la definición de criterios para clasificar el territorio nacional e identificar con claridad las áreas donde la tierra se deteriora o se recupera, según los cambios en el uso del suelo; en la determinación de qué transformaciones del paisaje se consideran degradación y cuáles mejora, bajo parámetros comunes y transparentes; y en la selección de los mapas que mejor reflejan la productividad de la tierra en las distintas cuencas del país.

También avanzaron en la identificación de posibles inconsistencias en la información, como áreas que aparentan degradación sin estarlo o viceversa, con el fin de aumentar la precisión de los resultados; y en la verificación de que los datos nacionales cumplan con los estándares internacionales de reporte. Según Lince, este proceso consolida la base técnica del informe nacional y amplía las capacidades interinstitucionales para el monitoreo continuo de la degradación de tierras.

La directora añadió que el reporte toma como referencia el Pacto de Panamá con la Naturaleza (Nature Pledge), el cual orienta la acción integrada del país frente a las tres convenciones de Río: cambio climático, biodiversidad y degradación de tierras. Desde esta perspectiva, el reporte funciona como una herramienta estratégica para generar sinergias entre políticas ambientales, mejorar la gestión integrada de cuencas hidrográficas e incorporar de manera coherente los compromisos internacionales en la planificación territorial.

El reporte ante la Convención no es únicamente una obligación internacional. Es una herramienta estratégica para generar sinergias entre nuestras políticas ambientales, mejorar la gestión integrada de cuencas hidrográficas y asegurar que la acción frente al cambio climático, la biodiversidad y la degradación de tierras se implemente de manera coherente en el territorio”, concluyó Lince.