Alocución: Día de la Tierra

Panamá, 22 de abril de 2026.-El Día de la Tierra tiene su origen en 1970, cuando en Estados Unidos surgió un movimiento orientado a generar conciencia sobre problemas ambientales como la contaminación y la destrucción de ecosistemas. La primera movilización se realizó el 22 de abril de ese año, con la participación de 20 millones de personas, dando inicio a una corriente ambiental de gran impacto.
En 1990, esta conmemoración impulsó una movilización internacional con la participación de 141 países y cerca de 200 millones de personas, con el propósito de promover la protección del planeta. Años después, en 2009, la Organización de las Naciones Unidas, a través de su Asamblea General, designó oficialmente el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra.
Cada año, esta fecha invita a reflexionar sobre la importancia de proteger el planeta y mantener un equilibrio entre las necesidades sociales, económicas y ambientales, tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Este enfoque implica una responsabilidad moral y legal en el uso de los recursos naturales, orientada a evitar su agotamiento y asegurar un entorno sano y habitable.
En la actualidad, el 22 de abril mantiene plena vigencia. Los lemas anuales buscan motivar a millones de personas a continuar con acciones globales orientadas a la conservación de la Tierra. Para 2026, el lema “Nuestro poder, nuestro planeta” plantea una campaña centrada en la acción colectiva, en la que la participación ciudadana tiene un papel determinante en la protección del patrimonio natural.
La campaña promueve la participación en actividades cotidianas y profesionales, así como la influencia positiva en otras personas. La suma de esfuerzos permite generar cambios reales, recordando que cada acción individual tiene un impacto en el bienestar ambiental.
Hoy enfrentamos una triple crisis ambiental: la desertificación, la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático. Cada una presenta causas y efectos específicos y requiere acciones concretas para garantizar un futuro viable. Reconocer el papel de cada persona como agente de cambio resulta esencial para enfrentar estos desafíos.
La desertificación demanda la restauración de suelos mediante prácticas como la reforestación. La pérdida de biodiversidad implica la disminución o desaparición de especies y ecosistemas, asociada a factores como la sobrepesca, el uso de redes de arrastre y la degradación de hábitats terrestres y acuáticos. La biodiversidad resulta esencial, ya que permite mantener el equilibrio ecológico necesario para la vida y la salud humana.
El cambio climático es una de las mayores preocupaciones actuales. Sus efectos se manifiestan en sequías, escasez de agua, incendios forestales, aumento del nivel del mar, inundaciones, deshielo polar y tormentas intensas, junto con alteraciones en las temperaturas y los patrones meteorológicos que afectan los ecosistemas.
Frente a esta realidad, se requieren mayores esfuerzos y una transformación en la forma de relacionarnos con el entorno. Es necesario avanzar hacia modelos de vida más sostenibles, con prácticas responsables y éticas en el uso de los recursos.
A su vez, la labor de los guardaparques es fundamental para la protección efectiva de nuestras áreas protegidas. En esta gestión, se ha aumentado el pie de fuerza mediante la incorporación de más de 300 nuevos custodios del ambiente, formados a través de 12 capacitaciones dentro de la Escuela de Guardaparques, lo que amplía la capacidad de vigilancia, manejo y conservación del patrimonio natural del país.
En la vida diaria, es posible adoptar hábitos como el ahorro de agua y energía, el consumo de productos locales y la siembra de árboles. Acciones simples, como apagar luces, cerrar grifos y reducir el uso de plásticos, contribuyen a la protección de los recursos naturales desde el hogar.
También se puede optar por caminar o utilizar transporte público, evitar el consumo de fauna silvestre y participar en iniciativas de voluntariado ambiental. La conformación de Organismos de Base Comunitaria, mediante grupos locales con objetivos ambientales, así como la vigilancia ciudadana, permite prevenir riesgos y promover acciones en beneficio del entorno.
A nivel nacional, existen iniciativas vinculadas a acuerdos internacionales que impulsan medidas locales para enfrentar la crisis ambiental. Estas acciones contribuyen a la protección del planeta y a la participación activa del país en los esfuerzos globales por el bienestar de nuestra casa común, la Tierra.
“Nuestro poder, nuestro planeta”



